TEXTOS | TEXTS


Lo primero que impresiona a la mirada en la pinturas recientes de Agueda de la Pisa es su monumentalidad. sobre las amplias superficies, el espacio se organiza en perfecto equilibrio. sus formas simples, sólidas, rigurosamente construidas, nos producen, con la arminía de sus proporciones, la sensación de avanzar entre arquitecturas serenas, abiertas, recorridas por un aire calmado. La corriente profunda que alimenta el placer emanado de sus cuadrod brota en la relación inesperada entre el vigor, la austeridad de estas sólidas bases y el brillo ligero del velo con el que la pintura las reviste. Este velo flota, creando una delicada trama de reflejos. La indecisión de sus pliegues suaviza, entre los planos ensamblados, aquellos que ofrecen de más duro las aristas.

Al principio hablé de monumento. Me refiero a aquellos de la memoria incierta y creativa. Bajo el ornato de los grises, suntuoso y tierno, realzado aquí y allá, como en los antiguos vestidos de Corte, por la eclosión de los azules claros, los toques cebrados de la plata o la sombra crepuscular de los marrones, se adivina el emborronado de unas letras, algunos fragmentos de palabras. Estos rastros de discurso, estos textos inexorablemente destruidos pero en los que todavía palpita la presencia, este palimsesto ya indescifrable para siempre, son como el polvo impalpable que el tiempo deposita en su transcurso, entre los juegos de la memoria y el olvido. ¿Hacia dónde dirigir la admiración?. Ni haccia la elegancia en disponer el orden irrefutable de las masas, ni hacia el virtuosismo sensacional del colorista, sino hacia la capacidad de conjugar entrambos con tanta gracia y tanta autoridad.

Georges DUBY

Dr l'Académie Française

Mayo 1992